Nuestra herencia no será la tierra, sino la huella que dejemos en ella
La persistencia del minifundismo en la comarca de Sanabria y el abandono de las tierras es una realidad patente y cruel. El avance del monte hacia los pueblos, que se llenan de matorrales y silvaregos parece imparable. El municipio de Cobreros es un buen ejemplo.
La pequeña dimensión de las tierras y las dificultades de acceso, lastran la competitividad, la rentabilidad y la sostenibilidad del sector agrario, ganadero o forestal y dificultan iniciativas como la agrosilvicultura, la rotación de cultivos y los aprovechamientos tradicionales como las setas, la miel, las nueces, las castañas o el turismo relacionado con el entorno rural.
Las amenazas son extremas y cada año que pasa se incrementan. Las oportunidades que ofrece la concentración o cualquier otra fórmula que permita racionalizar el minifundismo actual, están ahí, al alcance de la mano. Pero hace falta el impulso de los vecinos y de los gobernantes para evitar que Sanabria y ayuntamientos como el de Cobreros se conviertan en el más claro ejemplo de la España que envejece y desaparece, de la España vaciada.
Seguramente a la hora de buscar experiencias de éxito debemos revisar las realizadas ya en Sanabria, mirando también hacia zonas parecidas a la nuestra. Galicia sería una referencia, ya que ha tenido que abordar problemáticas muy parecidas a las nuestras y que no se dan en otros territorios de Castilla y León.
Y tendremos que mirar con altura de miras, para que esto sea un primer paso que permita avanzar hacia una comarca en la que se quiera, no solo venir a pasar unas semanas, si no que sea un buen lugar para vivir y trabajar.